dimecres, 18 de juny de 2008

Miembros, ´miembras´, y mimbres - Manuel Molina

http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008061700_5_368302__Opinion-Miembros-miembras-mimbres

MANUEL MOLINA

Decía el otro día D. Alfonso Guerra, en declaraciones a algunos medios, que "si una élite quiere imponer a la sociedad que se diga ´miembra´, está perdiendo el tiempo y haciéndoselo perder a los demás".

Se refería a unas palabras de la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, quien, aprovechando su comparecencia en la Cámara baja para anunciar la creación de un número de teléfono destinado a que al mismo puedan llamar (¡!) los maltratadores, se dirigió a los diputados llamándoles "miembros y miembras" del Congreso.

Menos mal que lo ha dicho D. Alfonso, porque si llega a hacerlo alguien que no fuera un socialista histórico como él, seguramente sería tildado inmediatamente de machista y/o fascista para arriba.Y es que el actual presidente de la Comisión Constitucional del Congreso lleva más razón que un santo (con todos los respetos y salvando las agnósticas distancias). Porque "miembro" es una palabra neutra. Igual que "portavoz", "fiscal", "médico", "ebanista", y tantas otras. Y, por ello, (como todo "neutro" que se precie) engloba tanto el género masculino como el femenino.

Por tanto, -aunque quizá ella lo ignorara en ese momento- si la Ministra de Igualdad se hubiera dirigido a sus señorías como "Señores miembros del Congreso", no habría cometido ningún acto de machismo (aunque la palabra "miembro" termine con la letra ´o´), sino que habría estado utilizando correctamente la lengua castellana.

Y, como opinaba seguidamente el señor Guerra sobre la solicitud expresa de su correligionaria ministra Aído de que ese genial fruto de su invención -la palabra "miembra"- sea admitida por la R.A.E. (e incorporada urgentemente al diccionario), la Academia de la Lengua está para "recoger lo que habla la gente" y, que él sepa, "en la sociedad española no se dice ´miembra´ ".

Pues sí, D. Alfonso, así es. Pero todo se andará. Porque no hay que subestimar la capacidad e influencia de los actuales gurús de "lo políticamente correcto". Y ya se sabe: quien se atreva a decir algo que vaya en contra de los postulados oficiales del pseudofeminismo o feminismo mal entendido (el de la supremacía femenina; y no el de la justa igualdad entre mujeres y hombres), será linchado.

Pero ándese con cuidado, porque incluso alguien tan respetado en la izquierda e, incluso, en otros sectores ideológicos (por sus recientes opiniones -coherentes y nada sectarias- sobre determinadas cuestiones de Estado que afectan a todos los ciudadanos) podría recibir alguna que otra crítica inmisericorde.



Sobre todo cuando a continuación, refiriéndose al polémico episodio de la llamada telefónica realizada por Dª Mª Emilia Casas -actual presidente del Tribunal Constitucional- a una mujer imputada por el asesinato de su ex esposo, el ex vicepresidente de gobierno afirmó lo siguiente: "Una mujer que es maltratada por el marido es un drama terrible y al marido hay que condenarlo con todas las de la ley. Pero pasar de ahí a que una mujer que diga ´yo soy maltratada´, y ya todo el mundo de rodillas: oiga, pues no" (sic).

Porque lo más probable es que el "establishment" de la corrección socio-política nacional ignorará la primera mitad de la afirmación (con la que cualquier persona decente -hombre o mujer- estará de acuerdo), y se quedará única y exclusivamente con la parte final (quizá sacándola de contexto).

En cualquier caso, y volviendo a la creación semántica de la señora Aído (el vocablo "miembra"), más nos vale ir acostumbrándonos a las sugerencias de estos nuevos (y nuevas) innovadores (e innovadoras) de la lengua. Sobre todo si el creador (o creadora) tiene materia prima de ministro.


Aunque, hablando de materia prima, recuerdo aquel refrán que dice que "con estos mimbres se hacen estos cestos". Sabio refranero, aplicable a la mediocridad cultural imperante. Porque, nos guste o no, -y salvo honrosas excepciones- en nuestro actual panorama político esto es lo que hay.Por cierto señora ministra, que a mí, que soy melómano (lo cual, le juro que nada tiene que ver con mi afición a comer fruta), lo que de verdad me habría gustado en esta vida es ser "pianisto".